17 ene 2013

El impacto profundo del rechazo al informe sobre el lucro y la responsabilidad de la Concertación.

El rechazo del informe sobre el lucro en la educación superior mediante una puesta en escena realmente sorprendente, con excusas que resultarían hilarantes de no ser tan delicado el tema tratado, perjudica fundamentalmente a la Concertación. Ello porque las ausencias de sus diputados al votar un informe que tenía más una importancia simbólica que concreta, demuestra que dicha coalición resulta cada vez menos confiable. En efecto, los informes parlamentarios a pesar de lo mucho que se puede hablar de ellos en momentos específicos, la verdad es que no tienen un impacto notable. Más bien escenifican cuestiones de importancia efímera, salvo que de allí se deriven denuncias a tribunales como en este caso. Pero esa es otra deriva que aun no está claro como se resolverá porque en última instancia se encuentra en manos de otro poder del Estado. Por otra parte la derecha siguió el rol que genéticamente (siguiendo a la transgénica senadora) tiene inscrito y que la compromete con el lucro como un bien positivo.


Lo que estaba en juego, como he indicado, era una cuestión simbólica, especialmente para los estudiantes que también, al menos para un grupo dentro de ellos, ponían a prueba la capacidad del sistema para procesar sus demandas. Y justamente en ese punto es que la Concertación falló, ya que sus votos podrían fácilmente haberle dado el aprobado al informe en cuestión. Se ha dicho insistentemente que la propia Concertación se encontraba dubitativa frente a este debate debido a su propia implicación en el mercado de la educación. Una implicación que va desde la apatía por hacer cumplir la ley hasta la participación entusiasta en instituciones lucrativas, pasando por su contribución a consolidar un sistema educativo excluyente basado en el endeudamiento. Aprobar el informe habría significado tener que encarar esa implicación, cuestión que muchos en la Concertación ven con malos ojos. Por ello se recurrió al subterfugio de ausentarse de la votación.
El parlamento desde hace tiempo está envuelto en una campaña de autodesprestigio sangrante que en este episodio alcanzó un nuevo nivel. Ante los ciudadanos, especialmente los estudiantes, queda claro que el parlamento es lo más parecido a un circo sin gracia, un espacio escamoteado a la democracia y a la inteligencia. En este sentido, una de las lecciones más delicadas es que parece cerrarse el camino de la institucionalidad para las demandas sociales y que por ende no queda más que acentuar la presión en la calle y eso es lo que sucedió al rechazarse el informe. La responsabilidad de esa lección recae en este caso en la Concertación que se mueve entre tener que estar constantemente dando explicaciones sobre como manejó el sistema y por otra parte convencer a la ciudadanía de que “ahora sí que sí” –de ganar las próximas elecciones- hará lo que antes no pudo o no quiso hacer. Desde que se encuentra en la oposición la Concertación no ha hecho ningún gesto significativo de reconocimiento de sus errores y menos aun ha aportado a recuperar la confianza perdida. ¿Cómo entonces recoger las demandas ciudadanas de un modo creíble? ¿Cómo enfrentarse a la inmensa tarea de transformar el sistema con los que durante dos décadas se convirtieron en sus defensores? O dicho en términos más simples ¿cómo creerles? Es en ese contexto que el rechazo al informe cobra un sentido más amplio, ya que si la Concertación no es capaz de conceder un simple triunfo simbólico a los estudiantes ¿cómo entonces abordará el cambio del modelo educativo? Estas disyuntivas son ampliables al conjunto de las demandas sociales y a poco menos de un año y medio de las próximas presidenciales la concertación aun no sabe cómo integrar estas fuerzas. 
Finalmente queda claro que en realidad la oposición efectiva al gobierno se encuentra en la Confech, en los movimientos sociales y que la Concertación en realidad sigue formando parte de ese universo paralelo de la política chilena que no se conecta con la realidad del país.

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